DISCURSO DE INAUGURACION DE LA III
CONFERENCIA DE JUSTICIA CONSTITUCIONAL DE
IBEROAMERICA, ESPAÑA Y PORTUGAL
PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE
CONSTITUCIONAL
DE LA REPUBLICA DE GUATEMALA
DON ALVARO ARZU IRIGOYEN
La apertura de esta Tercera Conferencia de la Justicia Constitucional de los paisespoderles ofrecer la hospitalidad de la nación guatemalteca- Confiamos que este tiempo que dedicarán a la reflexión y el intercambio de criterios acerca de la materia que los convoca, les permita -a la par de la profundización que garantiza la erudita profesión jurídica que los identifica y los une- observar los esfuerzos que en este país hacemos, tanto los dirigentes políticos como la sociedad en general. para perfeccionar un proceso democratizador de relativamente reciente data.
La Constitución Política que nos rige desde 1986, ha sido el marco normativo que los ciudadanos hemos seguido para estnrcturar el Estado y definir los derechos y garantías que social de la convivencia pacífica c constructiva.
La Corte que hoy es sede de la Conferencia, ha sostenido vigorosamente que la Constitución es la norma suprema ordenadora de todo el orden político y jurídico del Estado. Cabalmente por su celo en la defensa de ese principio, es que este Tribunal ha alcanzado elconstitucional que le está encomendado proteger. Así, ante sus estrados han acudido diferentes actores sociales en demando de atención a sus pretensiones y todos han obtenido una respuestaley. función estabilizadora y moderadora que cumple desde hace más de una década.
Significativos han sido los cambios que el país ha tenido durante este lapso de funcionamiento de la Corte de Constitucionalidad. Acaso lo que más destaca es que ha operado en tiempos de conflicto armado y luego en la etapa iniciada desde la firma de los Acuerdos de Paz.
Por mucho que el atronar de las armas hace varios años que ha silenciado, y que las heridas vayan cicatrizando como consecuencia de la disposición reconciliadora de los guatemaltecos, no dejará de olvidarse que una de las causas del sangriento enfrentamiento huera precisamente la orfandad jurídica que sufrió el país por sus instituciones debilitadas y, en mucho, desprestigiadas, que fueron incapaces para protegerlos mínimos derechos humanos. De allí que cuando se ciabordla nueva I.ey Suprema, una de las garantías que con más celo trataron de Instituirse fueran aquellas que estuvieran a cargo de un órgano independiente para proteger a la misma Carta Magna de los atropellos seculares que la habían mancillado.
De manera que la Corte es cerrojo contra un pasado opresory garantía de efectividad de la democracia hacia el futuro. Entiendo, por esto, que es interés de todos los guatemaltecos cuidar, preservar, proteger, respetar y acatar las legítimas decisiones de un tribunal que es esencia de la lucha por el Derecho y por la vida misma.
De suyo conocido ha sido el contraste de una enunciación normativa ideal. como reflejo de las aspiraciones del pueblo, con las condiciones materiales socioeconómicas propias de un país en vías de desarrollo, que deben ser atendidas prioritariamente en todos los aspectos cruciales del bienestar. Por ello, el desafio a que los guatemaltecos nos hemos abocado ha sido sensiblemente más fuerte, más exigente y, si se quiere, más sacrificado, porque no sólo nos hemos comprometido a hacer efectivos los valores y los principios constitucionales desde el punto de vista de su implementación jurídica, sino que hemos desplegado acciones para que la letra de la ley tenga vida, tenga realidad. Es decir, que el gobierno y el pueblo han entendido que las disposiciones programáticas que enuncian modos dignos de existencia deben realizarse progresivamente.
La Corte que hoy es sede de la Conferencia, ha sostenido vigorosamente el principio